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¡Buenas tardes! ¿Cómo va la semana?

Hoy os quería hablar de “casa” pero no de esa casa en la que vivimos, no de esa cuidad en la que nacimos, sino de ese lugar donde nos sentimos realmente “como en casa“. No necesariamente tiene que estar muy lejos de donde vivimos, aunque al no poder estar mucho allí, puede que nos parezca que está lejísimos. Justo eso me pasa a mí. 374. Esos son los kilómetros que marcaba el cartel de la carretera en mi ruta de vuelta a casa tras acabar la uni (a mi casa real, a la casa en la que vivo durante el año), esos son los kilómetros que me separan de como yo lo llamo “mi pequeño paraíso“, mi querida Salamanca

Pues si, soy vitoriana de nacimiento pero la verdad es que siempre me he sentido mas de allí que de aquí. ¿Por qué? No lo se. Yo creo que vivo enamorada de ese lugar desde la primera vez que lo pise, desde entonces siempre que llego allí pienso: “hogar dulce hogar“. Pero si hay algo en Salamanca que realmente adoro es mi pueblo, Robledo Hermoso. Esa si que es mi verdadera “casa“.

Panorámica de plaza principal de Robledo Hermoso. Fuente: Web Robledo Hermoso

Vista aérea de Robledo Hermoso. Fuente: Web Robledo Hermoso

Os pensareis que se debe de tratar de un pueblo enorme con un montón de gente….pues no, para nada. Para que os hagáis una idea, en el año 2010, su población era de 46 habitantes. Cierto es que en verano va más gente, como es normal, pero aun así tampoco os creáis que somos centenares ;). Y a pesar de todo ello, yo soy feliz allí, en ese pequeño lugar. Hay una canción de Alejandro Sanz que dice: “Ahora te enseño de donde vengo y de que tengo hecho el corazón“, y siempre que la escucho me recuerda a “casa“. Porque sí. Porque gran parte de mi corazón esta hecho de ese lugar y de todo lo que he vivido allí, de la grandes personas que he conocido que, a pesar de la distancia, se que siempre están, porque de una manera u otra son mi familia. 

Siempre digo que quien tiene un pueblo tiene un tesoro, que yo las vacaciones allí no las cambio por ningunas vacaciones de playa, ni cruceros… Porque las noches tirados en la carretera mirando a las estrellas, las tardes en las escuelas, las meriendas en el molino cazando cangrejos, las carreras hasta la farola para ver quien se la quedaba al pilla-pilla, las primeras caídas, los primeros amores, las fiestas hasta el amanecer y más, las risas, las vueltas y más vueltas alrededor de la iglesia, las tardes de fútbol y pelota en el parque y sobretodo todas y cada una de las personas con las que he compartido todo eso, todas esas cosas simples que quizás a cualquiera le aburrirían, yo no las cambio por nada.

Y si a alguien tengo que agradecerle todo esto, es a mi familia materna, porque de esa parte vienen mis raíces salmantinas de las que tan orgullosisima estoy y gracias a las cuales soy quien soy ahora. Por eso gracias y sobretodo gracias a los que ya no están, a mi bisa y a mi abuelo. ¡Os quiero!

Gracias por regalarme el paraíso sin tener que morir para ello.

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Robledo Hermoso: 6 años. Fuente: propia

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Robledo Hermoso: 20 años. Fuente: propia

“La casa esta donde el corazón.” Proverbio irlandés.

¡Un beso enorme y en especial a mis salmantinos, nos vemos pronto!

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